.
.
Guardapolvo tan tableado, tan blanco, tan almidonado. Y dos moños que sujetaban mis trenzas. Allí estaba yo en el primer pupitre de segundo grado.
Allí en el frente estaba ella tan rubia, tan pintada, ¡tan maestra!
Su guardapolvo blanco, puesto al descuido, contrastaba con el de otras señoritas muy bien vestidas, muy bien peinadas.
Sólo tenía una gran armonía: su boca grande pintada de rojo y sus uñas largas al tono.
.
"¡A ver esa letra Lidia! ¡Hay que mejorarla!" ... Las letras se dibujan, las letras se pintan, las letras ... las palabras ... todo hay que dibujar.
Y yo volvía a casa con un cuaderno especial, donde con su escritura de maestra que dibuja escribiendo, colocaba en el extremo de arriba una frase que yo tenía que imitar: una vez, diez veces, veinte veces. Y el ritual se repetía al otro día. Y al día siguiente.
.
Una vez -¿como premio?- me invitó a tomar el té a su casa. ¡Mi maestra!
¡La maestra!
Me senté junto a ella, tímida y sonriente por demasiado feliz mientras, con gesto maternal, untaba con jalea las tostadas que crujían bajo mis dientes.
Lanzó una carcajada para decirme que las tostadas cantaban, scrunch ... scrunch ...
Scrunch ... y las masticaba con exageración, casi seguro para vencer mi timidez.
.
Así era en nuestra aula: más que maestra, artesana feliz .Manchada de lápiz labial y tiza, su cara traducía el placer de estar entre nosotros.
Con movimientos rápidos, con nuestros nombres en sus labios sin equivocarse, enseñando a dividir, enseñando a escribir, enseñando a leer ...
.
Cuando aún hoy me dicen tenés letra de maestra … Sí, pienso, la de mi maestra de segundo grado. La de la señorita Norma. Norma Gossman. Imitada ¡tantas veces! en mis juegos infantiles. ¿Imitada en alguna otra etapa de mi vida?
Tal vez, sí.
.
.
*Lidia Dumett es docente y toma el taller de narrativa por internet.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario