- ¡aló!
- mi vida es una dejavú que en algún momento dejó de sorprenderme.
- ¿quién habla?
- todos los días siento haber vivido lo mismo cuando lo vivo … y en efecto, cada día vivo lo mismo. A veces con algunos segundos de retraso o de adelanto, o cambiando un poco el punto de vista. Pero es lo mismo.
- no entiendo, ¿quién es?
- la mayoría de los días sucede lo mismo, y de vez en cuando me sorprendo. Es una obra de teatro que se estrena cada día y cuyo escenario es mi tránsito por la misma ciudad de ahora siempre. Pero en ocasiones me siento autor porque al cambiar una pizca hago un cambio, director porque sé lo que va a suceder y cuándo y cómo así sea aproximadamente, actor porque el escenario me desborda y las dos opciones anteriores se hacen ínfimas, y espectador porque me alejo huyendo del dejavú que cada vez me aburre más.
- deténgase …
- no se puede, no puedo. Cada día, al mismo tiempo que me aburre, me lastima, y me deteriora, también me resulta adictivo, me consume, me atrapa y de alguna forma me genera un morbo que no puedo contener. Todos deben sentir lo mismo, ¿no?
- no sé …
- yo sí sé. Todos sienten lo mismo. Algunos días no; pero la mayor parte del tiempo, cuando nos reconocemos en la farsa, cuando la cara conocida tiene que seguir siendo desconocida, es decir, cuando la cara desconocida empieza a volverse conocida, pero no nos lo podemos permitir. Es necesario perpetuar el anonimato, seguir siendo desconocidos, no saludar. Se caería el teatro, se desmontaría la farsa y eso puede resultar catastrófico… como ese violín en New Book, de Ribczinsky, ¿lo conoce? Cuando todos quedan inmóviles y se descontractura el transitar. Es como si la conciencia-de-sí-mismo-haciendo-parte-de-ese-todo despertara por un momento. Es terrible.
- no, no sé de qué habla … ¿quién es?
- piense en que está durmiendo con alguien. Durmiendo. Y bueno, es como eso. Uno quiere moverse, pero no lo hace. Sabe que quiere hacerlo, casi que necesita hacerlo. Y sólo está pensando en hacerlo. Sus músculos están inmóviles. De pronto, su acompañante se mueve, ligera pero sorpresivamente. Es esa sensación de shock. La respiración se detiene, los ojos se abren, la piel se entiesa. Va a despertar. Bueno, eso es. La farsa se caería y el acompañante despertaría. Pero no es que haya que mantener la farsa o el acompañante dormido, sino que en ese instante previo, eterno, en el que uno se pre-para, se pre-viene frente y para eso, todo se desmantela. Así lo veo yo.
- puede ser, pero suena un poco extremo, ¿no le parece?
- ¿extremo? ¿A qué se refiere? ¡No! No me parece extremo. La rutina es lo que me parece extremo. Pero entiendo. Le parece extremo porque aun no lo ve como yo. Y tal vez no deba hacerlo. Tal vez soy yo el que debiera dejar de verlo como lo veo. Dígame, ¿usted cómo lo ve?
- no sé. Igual, supongo. No estoy de acuerdo en algunas cosas, pero ahora que lo dice puedo entender su punto de vista… ¡Perdón!, ¿quién es?
- no, no se engañe. Usted no puede ver las cosas como yo las veo. Es imposible.
- ¿por qué le parece imposible?
- luego, de la nada creo que todo lo he vivido ya. Pero aun en el segundo siguiente, cuando me doy cuenta que esa sensación es tan acertada como errada, sigo sintiéndolo. Sigo sintiendo que eso lo he vivido ya. Es decir, lo vivo, siento que lo he vivido ya, e inmediatamente sé que no es así, que es un espejo, pero sigo sintiéndolo…
- eso no tiene lógica. Si usted se da cuenta de que no … ¿cómo puede seguir sintiendo que sí …?
- ¡precisamente!, ¡por eso la llamo! ¿Tiene horas?
- no, pero deben ser como las 3.
- ¿3 qué?
- 3 de la mañana.
- Sí, obvio, pero de qué mañana. Es que creo que esto ya lo viví.
- de la de hoy. Jueves.
- no puede ser, ¿hoy no es domingo? Me he perdido muchos días.
- o los ha ganado.
- no. Definitivamente. Los días se pierden, no se ganan. ¿Cómo se gana un día? Usted no sabe de lo que habla. No intente darme ánimo. Para eso no he llamado.
- ¡¿quién es?!
- entonces me siento como allí de nuevo, cada vez, por vez primera. Todo al tiempo. Todo el tiempo.
- sí, ya entendí eso.
- no, no lo entiende. Pero no me importa. La rutina sólo es un dejavú que en algún momento deja de sorprender.
- ¡¡¡ahhhhhh!!!
- ¿qué? ¿qué sucede?
- usted no se ha dejado de sorprender. ¿Acaso eso ya lo ha vivido antes?
- no
Su teléfono no cuenta con saldo suficiente para continuar esta llamada, por favor añada una nueva carga para poder continuar hablando…
*Kadmillus Haimrich es un otrónimo. Escribe -a veces-; vive -cuando escribe.
martes, 30 de marzo de 2010
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