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Mi mañana comienza muy tranquila ya que he dispuesto vivir en el microcosmos de mi microemprendimiento.
Me tomo el micro que me traslada al microcentro y eso produce en mí una alegría imposible de transmitir ya que por razones de fuerza no micro no debe hacerse de público conocimiento por peligro a resultar micronizado mi microproyecto y ¡adiós a la microfotografía!
Sigo la ruta de la microfilmación, hoy el microbio está listo para su microcopia; aunque no sea redituable para mi microeconomía, el microbiólogo micromanipulador quiso cobrarme por la microproducción, a pesar de ello, apareció con su microscopio y anunciando por micrófono expresó no haber encontrado en su microcircuito el microchip que acompaña a la microcinta. Me dije: ¡Qué microencefálico!
¡Ahora a generar el microclima para mantener el microbio hasta la próxima microoportunidad!
En medio de la microdecepción por frenar mi microemprendimiento visualicé a micrómetro de distancia el generoso microondas y me tomo microminutos para tomar un microcafé mientras terminaba de escribir mi microrelato.
Y pensar que intentaba sólo por hoy no pensar en MACRO.
La microproducción:
La microfilmación del microbio por el famoso microbiólogo logró favorecer la microeconomía de mi microemprendimiento en microminutos a micrómetros del microcentro. Las micropartículas microfilmadas beneficiaron mi microimaginación al escribir un microcuento.
*Silvia Shapiro es docente, toma los cursos presenciales de narrativa.
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