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Ella buscaba un espacio en el medio de su alma; una casa interna,
una sensación de sinceridad extrema tanto con el adentro como con el afuera.
El sonido de la melodía creada por otros se encuentra, al fin, liberado,
con sus alas y su magia propia…
El pucho, el sol, la hoja de aquel árbol que da a la ventana son, finalmente, parte de la felicidad misma, aquella sensación de placer cotidiano, sin más ni menos que eso.
La felicidad pequeña halla nuevamente sus propias alas y vuela hacia el infinito, sin horizonte, pero sí con sentido.
El significado del vivir se ha liberado de su propia penumbra, de aquella oscuridad maldita, de esa muerte en vida callada y encerrada.
Alas resquebrajadas, heridas.
Como un pájaro en el medio de la ciudad, herido,
Camina lentamente, busca aquel nido y avanza…
Avanza sin prisa ni horizonte inmediato, simplemente camina buscando luz.
Si alguien pudiera comprender el sentido del ser,
Si algún ser encontraría, al fin, la receta del buen vivir.
Todo un mundo roto, como una guerra civil, ha quedado despedazado…
Es la palabra la que envuelve, la que contiene, la que genera un hogar más allá del hastío.
Tantas palabras contenidas, encarceladas, rotas, reprimidas.
Si alguien pudiese ver la vida desde afuera,
La lupa y el sentido cambian, se modifican por sí mismos.
El sol en la pantalla dejo de ser encierro y se convirtió en libertad,
Si pudiesen entender, si pudiésemos sentir el latido del corazón cada segundo de nuestro propio devenir, el significado cambia, se rompe una estructura, se desvanece con su propia fuerza.
Una revolución interna,
Una boca callada, cocida.
Un estómago lleno de dolor,
Y esa espalda que sostiene una mochila ajena…
Un cuerpo entero dolido,
Es aquella luz la que siempre estuvo, la que nunca se ha ido..
Es el deseo de permanecer vivo frente a cualquier circunstancia el que sostiene el alma entera; es el deseo de amor el que genera y reproduce no más que amor; es la entrega la que abre alas y mundos y sentidos, no más que ella.
El pragmatismo es necesario, pero no es deseo,
El dolor es una maquinita destructora en mí,
Sólo el amor dice la verdad,
Todo lo demás, créanme, es una verdadera mentira.
La femineidad es también todo un código aparte,
La mujer en sí misma es un laberinto infinito…
El sabor del sahumerio se ha liberado también,
Impregna el espacio, brinda su haz de vida.
La vida es una palabra, una palabra es un ser, el ser es pura verdad.
Todo lo demás es necesario, pero no es deseo.
Todo lo demás es social, es familiar, son palabras que se las lleva el viento; son acciones programadas, son discursos ya pronunciados, son creaciones ya fabricadas.
Lo que importa es no perderse en esa mentira, no hacer de uno falsedad pura.
Todo ser y objeto sirve para un determinado fin, absolutamente todo;
y si bien el ser es un camino hacia la muerte, es el camino el que ha de ser verdadero,
más allá de todas aquellas mentiras necesarias, de todas aquellas ataduras del mundo social este, de todas las instituciones, aquellas que son y aquellas que seguramente ya serán ….
Levantarse, accionar, e irse a dormir en paz con aquello que uno cree, en lo profundo de su corazón y de su alma, que verdaderamente es.
P. D.: este escrito está exclusivamente dedicado a Fraiman, mi psicólogo y María Marta, mi hermana.
Domingo 3 de mayo del 2009, en mi oficina-casa de Villa Crespo
*Silvina Pizarro es agente de prensa.
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