jueves, 22 de abril de 2010

Cuento de Navidad n°4, de Fernando Álvarez

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No sé en qué momento me apareció el recuerdo. Una historia que lejanamente en el tiempo me fue contada ... el que me la contó, ¿quién era? ¿cómo la conocía? No lo sé. Sin embargo, la memoria me devolvió aquel cuento. Tal vez fuera por el calor o por la sensación de agobio.
La recordé una noche que caminábamos los cuatro - el Colorado, el Inglés, el Tano y yo - por Los Patos hacia Avenida Caseros. Íbamos en busca de un bar con aire acondicionado. Hacía un calor pesado, denso, más o menos como el que hace en Navidad.
No tuve que hacer mucho esfuerzo para que me escucharan, porque ninguno tenía ganas de hablar.

"¿Saben lo que es un "bendito"? Es casi un rancho. Solo un ala de techo sostenida por unos troncos, sin paredes. Se usa en el campo. Esta historia transcurrió ahí. En las cercanías de una ciudad el litoral.
En ese lugar vivía una familia: marido, mujer y diez o doce hijos. Todos trabajaban temporariamente en la recolección de legumbres. Era nochebuena, habían comido el acostumbrado guiso inventado. No había más luz que la que daba una luna en cuarto creciente y un montón de estrellas.
El sonido de las chicharras se había apagado, los mosquitos picaban a destajo; como todos estaban muy acostumbrados, no se inmutaban por eso.
A lo lejos, sobre el horizonte, se veía el reflejo de la luz de la ciudad y de vez en cuando algunos fuegos artificiales.

"Mirar al cielo iguala a los hombres, pero vaya uno a saber en qué piensan cuando lo hacen. Los chicos y la madre se acostaron en sus jergones y quedó el padre solo en el patio de tierra.
Pasó un buen rato y el hombre empezó a sentir que los ojos se le cerraban por el sueño. Antes de acostarse sacó el bolsillo doce caramelos Sugus, se acercó a las rotosas zapatillas de sus hijos y dejó uno en cada par. Después se acomodó junto a su mujer y se durmió.
Pasó un buen rato, los chicos entre cuchicheos se levantaron; sólo los dos menores se quedaron dormidos.
Fueron a las zapatillas y cada cual comió su caramelo.
Los dos mayores, entre risas quedas, desenvolvieron también los tesoros que estaban en las zapatillas de los que dormían y los comieron. Después tomaron del piso un poco de caca de gallina y la dejaron a cambio ..."

Mis amigos no emitieron ningún comentario. Entramos en el bar. El súbito fresco y el olor de café me cambiaron el ánimo.

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