viernes, 18 de marzo de 2011

En el agua, de Fernando Alvarez

Esas cosas

Cada vez hay menos patos...antes rendía cazar, ahora....

Te pasabas la noche, pero ya como a las 4 y media, cinco, cuando empieza a clarear pasaban y los veías ahí, a la primera luz. La bandada de sirirí vuela en v así que es fácil tenés que tirar apuntando un poco antes del primero y si tenés suerte caen tres o cuatro.

Todavía me río cuando me acuerdo que le dije al Cachilo que lo que pasaba era un pato y el boludo le tiró a un murciélago. ¡Que boludo que era!. Yo en esa época cazaba dos o tres veces por semana, caía a casa con 15 o veinte patos. ¡Patos para toda la familia!. Hasta para la hija de puta de mi suegra, tome Hermelinda, llevesé un par de patos. Nunca me quiso la vieja de mierda. No sé, se piensa que soy un pelotudo. Agarraba los patos como con asco, como si le fueran a contagiar los piojos. ¿Y qué quería, qué se los regale pelados? pelotuda hija de puta.

Me hubiera gustado verla a ella con el agua en la cintura y las patas enterradas en el barro, con los mosquitos que se te meten por todos lados ¿y para que?, para que cuando le regalás un pato ponga cara de oler mierda .

A mi siempre me gustó el deporte, si en las olimpíadas hubiera tiro al pato o pesca yo competía. No te voy a decir que ganaba, pero podés ponerme unos porotos.Me acuerdo cuando le gané al Cachilo ese concurso en el muelle del club. Los dos lo fundamos “El manguruyú” así se llama el club. Que se yo, queda más autóctono que “El moncholo” o “El amarillo” o “El surubí” incluso. El surubí es medio mersa. Le podríamos haber puesto “El dorado”, pero acá hay poco dorado. O “El pacú” pero pacúes ya casi no quedan ... como los patos.

La Clara nunca me entendió, yo me podía pasar la noche esperando que pasen los patos o que pique un pacú, y llegaba contento a casa al otro día, ella apenas se despertaba para ver que traía. Me gritaba que me bañe y seguía durmiendo.

El Cachilo dejó de pescar poco tiempo después que yo le gané el torneo, me acuerdo que era invierno y hacía mucho frío, el río estaba bajo porque desde el muelle había como cinco metros hasta el agua. Era de pesca variada, como hacía frío no salía nada y él sacó un armado de ocho quilos ni bien empezaba como a eso de las dos de la tarde. Pasaban las horas y nadie sacaba nada, hasta que cinco minutos antes de las seis yo saqué un armado de ocho quilos doscientos… ¡a las seis terminaba!

Yo creí que el Cachilo había dejado de pescar porque nunca me iba a ganar¿cómo iba a saber?

Lo que no entendía, que después até cabos, era porque él me insistía que sería lindo tener un rancho en la isla, si él ya no iba a pescar. Y cazando era un tarado.

Cuando compramos el rancho a medias vino una o dos veces, pero después dejó de venir.

¿Cómo me iba a imaginar?

¡Cómo me gustaría que hubiera sirirí! Al menos si no puedo dormir podría ir a cazarlos, aunque no sé, tampoco tengo muchas ganas de ir a meterme en el agua. ¿A quién le iba a llevar los patos?

Lo que más extraño cuando me acuerdo es la risa que tenía, aunque hacía mucho que no la escuchaba reirse. Como cinco o seis años…

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